Relojes cerámicos: de la alta relojería al terreno real

Hay materiales que cambian la forma de entender un reloj. Y si hay uno que ha pasado de ser una rareza a una tendencia establecida, ese es la cerámica. Ligera, resistente a los arañazos, con un brillo especial y un tacto distinto al metal, la cerámica ha pasado en pocas décadas de ser un experimento técnico a un símbolo de diseño contemporáneo, y en este artículo analizo Earthen & Co, una microbrand que nos trae una gran opción para disfrutar de este material sin tener que atracar un banco.

De laboratorio a leyenda

El uso de la cerámica en relojería empieza en serio a finales de los años 80, cuando Rado se convierte prácticamente en sinónimo de este material. La marca suiza apostó fuerte por lo que entonces parecía una locura: cajas y brazaletes hechos íntegramente en cerámica de alta tecnología, con una superficie tan dura que apenas se rayaba. Modelos como el Rado Integral o el Rado Ceramica marcaron época, y abrieron la puerta a un nuevo lenguaje de materiales.

Poco después, otras casas se fueron sumando: IWC con su legendario Da Vinci Ceramic o el Pilot Chronograph en cerámica negra; Omega con los famosos Speedmaster Dark Side of the Moon; y, claro, Chanel, que con el J12 convirtió la cerámica en un icono de estilo. Chanel fue probablemente quien más la popularizó fuera del ámbito técnico: la cerámica blanca brillante del J12 se volvió un fenómeno estético y cultural.

Cerámica y sus nuevas vidas

A partir de ahí, la cerámica dejó de ser solo cerámica. La investigación en materiales abrió un abanico de nuevas versiones, cada una con un carácter distinto.

Al principio, todo giraba en torno a la zirconia, el compuesto base de la mayoría de relojes cerámicos: blanca, ultradensa, casi irrompible y con un tacto suave, frío, casi sedoso. Pero pronto los laboratorios empezaron a experimentar. Y así nació por ejemplo el Ceragold de Omega, que unía oro y cerámica en un solo proceso, fusionando lo eterno con lo indestructible.

Recientemente, y en el sentido inverso, tenemos otro ejemplo conocido: la biocerámica de Swatch. Ya que a pesar de que muchos piensen que es plástico, en realidad se trata de una mezcla de cerámica con biomateriales de origen natural, como el aceite de ricino. Su objetivo: un material más cálido, ligero y sostenible. La vimos por primera vez en la serie MoonSwatch, y fue el empujón definitivo para que el gran público se atreviera con relojes de aspecto cerámico sin miedo al precio o a la fragilidad.

Y, mientras las marcas suizas experimentaban con la alquimia, otras firmas más jóvenes exploraban la cerámica coloreada. Hoy es posible encontrar tonos imposibles hace una década: azul, verde, arena, incluso rojo. Un gran ejemplo de esto son las series Pilot de IWC. La cerámica ha pasado de ser un material técnico a una paleta de expresión.

Earthen & Co. Bluebird: alma alpina en cerámica blanca

Dentro de esa nueva generación de relojes cerámicos, hay uno que me ha sorprendido especialmente: el Earthen & Co. Bluebird. Y no solo por lo bonito que es, sino por lo que representa y por su propuesta.

Earthen & Co. es una marca con raíces en la montaña y el invierno. Nació de la idea de capturar la sensación de calma que dejan la nieve y el aire frío, y transformarla en relojes que combinen diseño, precisión y una estética limpia. El nombre Bluebird hace referencia a esos días despejados tras una gran nevada: cuando todo brilla, el aire es puro y el tiempo parece moverse más despacio. Y vaya si lo han conseguido!

1. La caja: cerámica pura con acabados excepcionales

El Bluebird tiene una caja de cerámica blanca que parece tallada en piedra. Su superficie es completamente mate, sin reflejos, y tiene ese tacto inconfundible de la buena cerámica. A pesar de su robustez, es un reloj ligero y cómodo. El tamaño está muy bien equilibrado, y sus 38mm lo hacen ideal para llevar a diario.

La corona es roscada, un detalle que no siempre se ve en relojes de este tipo y que garantiza la hermeticidad. Sin embargo, el fondo es atornillado en vez de roscado, cosa que contrasta con la decisión de la corona. El cristal abombado de zafiro con tratamiento antirreflejos completa un conjunto muy bien ejecutado.

Si tengo que encontrarle un pero a la ejecución exterior, lo único que podría simplificarse es la goma decorativa de la corona; estéticamente tiene gracia, pero infelizmente este tipo de accesorios termina perdiéndose o degradándose con el tiempo.

2. La esfera: vintage en clave nevada

Si la caja representa la calma de la nieve, la esfera es la luz que se refleja en ella. Blanca, limpia, con una textura sedosa y un diseño de inspiración vintage, el dial del Bluebird es pura elegancia vintage. Las agujas, con su perfil clásico y acabado metálico, contrastan con precisión. Y el pequeño detalle que borda el conjunto, es que el contrapeso del segundero pasa justo sobre el logo, permitiendo verlo a través. Hay algo de reloj de explorador, algo de reloj field refinado, y mucho de buen gusto.     

Como guinda, el lume es una auténtica pasada. No solo cubre todo el dial y brilla con intensidad, sino que lo hace con un tono uniforme, limpio y de larga duración. Es de esos relojes que, cuando apagas la luz, parece una linterna para ver en la oscuridad.

3. Calibre y conjunto

En el interior, el Bluebird monta un calibre automático Miyota 9039, con 42 horas de reserva de marcha, que cumple perfectamente con lo que se espera de un reloj de este nivel: fiable y fácil de mantener.

En conjunto, el reloj transmite exactamente lo que la marca promete: una sensación de calma, de precisión silenciosa y de conexión con la naturaleza. Es un reloj que sin intentar ser llamativo, termina siéndolo por su equilibrio y sus detalles.

El inicio del futuro de la cerámica

La cerámica, durante años asociada a la alta relojería, está viviendo un momento de democratización interesante. Y el Earthen & Co. Bluebird es prueba de ello: un reloj cerámico con una ejecución excelente, estética coherente y un precio que sorprende por lo que ofrece.

Un recordatorio de que, incluso en materiales exclusivos y generalmente asociados a relojes de gama superior, hay espacio para la emoción.

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